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CONCURSO DE CUENTOS
XVI Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»
Primer Premio • Categoría D
Aquellas maravillosas tardes
Ahí ten- se enteraban; o eso pretendíamos
go guardadas en nosotros, porque el olor a humo en
mi memoria nuestras ropas nos delataba, y tenía-
esas maravillo- mos que confesar nuestra pequeña
sas tardes que merienda en el campo. Cuándo con-
viví en mi in- tábamos nuestras cacerías de pájaros
fancia, las que a los amigos, muchos nos decían ¡Y
con más cariño os los coméis!, lo veían raro, y, algu-
recuerdo son las nos decían: bueno por lo menos, no
que pasábamos al salir del colegio, los matáis porque sí. La verdad es
yo, junto con varios amigos compa- que lo de comer pajarillos, ya no se
ñeros de clase esperábamos ansiosos veía mucho, esto era una cosa más de
a que fuesen las cinco de la tarde para la época de nuestros padres y abue- dos nuestros sentidos, y con los bol- chas que nunca se quitaban y subía-
ir al campo ya que casi toda la zona los, pero a nosotros nos gustaba. sillos llenos de piedras hacíamos todo mos por las calles preocupados por la
colindante al colegio eran campos y A finales de primavera y princi- el trayecto esperando hacer puntería regañína de nuestras madres, y a la
huertos. pios de verano, en nuestros paseos en alguno de estos animales y a veces vez riéndonos entre nosotros del que
Mis amigos en estas tardes eran por el campo, teníamos vistos varios había suerte y como nos surgían las más manchas llevaba.
Francisco y Pedro, ellos compartían cerezos donde solíamos parar a co- disputas de quién le había dado pri- Cerca de esta fábrica había una
conmigo muchas aficiones, lo que mer cerezas, que recién cogidas del mero o que por culpa del otro se gran zona de tierras sin cultivar que
nos hacía buenos amigos, una de árbol, estaban más que buenas, y había espantado y había fallado, y así separaban las calles del pueblo de
éstas era el tirachinas, ese fantástico alguna vez que otra, teníamos que era el último trayecto de nuestras dicha fábrica y estaba llena de cami-
invento que nosotros habíamos per- salir corriendo al percatarnos de que tardes por el campo al salir de clase. nos que utilizaba la gente a modo de
feccionado con esmero, para noso- venía el dueño de los árboles dándo- Nos adentrábamos en las primeras atajo, todo estaba lleno de zarzales y
tros era una pieza fundamental en el nos voces por el camino. También calles del pueblo pegando pisotones habían varias higueras y un gran
día a día. Te levantabas, te vestías, solíamos visitar un árbol de nísperos, para sacudir el polvo de las zapatillas membrillero, el cuál utilizábamos
desayunabas, cogías el almuerzo, la que no son nada frecuentes en Yecla, y guardábamos nuestros tirachinas; para hacer cabañas con otros amigos
mochila de clase y como no el tira- y como no, esos albaricoques verdes tras andar tres o cuatro manzanas nos del colegio y de los barrios colindan-
chinas. Siempre estábamos afinando que aún estando agrios como limo- despedíamos hasta un rato más tarde tes, a veces la hacíamos debajo del
la puntería. Colocábamos una fila de nes, eran para nosotros como cara- o hasta el día siguiente, ya que no árbol y otras encima de él. Allí nos
latas o botellas y no parábamos hasta melos y duraban bastante tiempo una vivíamos muy lejos el uno del otro. sentíamos como en una pequeña casa
que quedase una en pie. Cuando lle- vez arrancados. Los días que salían lluviosos, que en de nuestra propiedad y pasábamos
gaba la primavera, era fantástico, los En la frontera de nuestros paseos primavera eran también abundantes, tardes y tardes perfeccionando nues-
campos se vestían de verde y se lle- llegábamos a un pozo de agua, esta solíamos ir a una vieja fábrica de tra cabaña; todavía recuerdo el olor
naban de flores los bordes de los agua era potable, pertenecía a una alcoholes, allí, tras saltar el muro, de los membrillos cuando madura-
caminos, también con el cambio de comunidad de agricultores y casas de entrábamos en el recinto de la fábrica ban, y el olor a tierra mojada cuando
hora las tardes se aprovechaban mu- campo, estaba rodeada por grandes y dentro de la misma, habían grandes salíamos de la cabaña después de una
cho más. Nosotros solíamos andar pinos, para nosotros después de las máquinas y muchas salas diferentes, pequeña lluvia, y esos pinchazos en
varios kilómetros a lo largo de una caminatas, era como un oasis de don- era una fábrica muy grande y por las zarzas cuando pasábamos junto a
tarde. de salía esta agua tan rica y fresca; dentro era como un verdadero labe- ellas, e intentábamos coger sus mo-
Otra de las aficiones que compar- había una de las tuberías que dejaba rinto, dentro había un olor muy feo ras. Cuando nos aburríamos hacía-
tíamos eran los pájaros y en primave- un gran chorro de agua al descubierto pero al cabo de un rato te acostum- mos dos bandos entre nosotros y con
ra, que es la época de cría andábamos hasta caer a una especie de balsa brabas y se te aclaraba un poco la los higos verdes hacíamos guerras
subidos a todo tipo de sitios, almen- pequeña. Nosotros subíamos un pe- duda de cómo podían trabajar allí la con, o sin tirachinas; y alguna vez
dros, “oliveras”, pinos, tejados de queño escalón y metíamos debajo gente todo el día. En la vieja fábrica que otra salíamos alguno llorando y
pequeñas casas... Conocíamos mu- del chorro las manos, la boca y a también se veían de vez en cuando ahí se paraba la guerra, no nos pará-
chas clases de pájaros y nos gustaba veces hasta la cabeza, y todo el can- ratas, gatos y algún murciélago, lo bamos a pensar que podíamos hacer-
ir visitando los nidos para ver como sancio acumulado desaparecía rápi- difícil era conseguir piedras para nos daño, y la verdad por suerte nun-
crecían los pajarillos, eso sí, como damente. Antes mencionaba este nuestros tirachinas, por eso llenába- ca pasó nada grave.
buenos cazadores cuando se pasaba pozo como frontera de nuestros pa- mos nuestros bolsillos de piedras Antes los niños y niñas solían
la época de cría hacíamos cacerías o seos, porque no solíamos llegar mu- antes de entrar y cuando se nos gas- jugar más en la calle y yo tengo
así lo llamábamos nosotros, la mayo- cho más lejos, ahí solíamos descan- taban, buscábamos tuercas y torni- gratos recuerdos de mi infancia ju-
ría de las tardes, no cazábamos nin- sar un rato y coger dirección al pue- llos o lo que fuera que se pudiera gando en la calle y en el campo,
guno o muy pocos; pero siempre blo. A la vuelta pasábamos por detrás lanzar con el tirachinas. Algunas ve- viviendo aventuras y consiguiendo
había alguna tarde de suerte que jun- de la cooperativa agrícola y la coope- ces hacíamos puntería desde alguna anécdotas para recordar hoy, aque-
tábamos entre los tres, ocho o diez rativa del vino, por allí la fauna era ventana que estuviese rota y si no, ya llas maravillosas tardes y valorarlas
pájaros. Y como no, esa tarde meren- más abundante: ratas, gatos, perros, nos encargábamos nosotros. Tras desde el recuerdo cada vez más.
dábamos pajarillos. Muchas de esas palomas y de vez en cuando se veía estar un raro merodeando por la fá-
meriendas las hacíamos en el propio algún conejo de campo; nosotros al brica, salíamos, nos sacudíamos la Alejandro Ibáñez Forte
campo, entre nosotros, y en casa no llegar a esta zona agudizábamos to- ropa, intentando limpiar algunas man- 4º ESPA
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