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CONCURSO DE CUENTOS



              XIX Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»



          Primer Premio • Categoría B


          La niña ciega




                           Me llamo Lola y soy ciega
                          de nacimiento. Cuando era
                          más pequeña creía que solo
                          estaría así unos cuantos
                          años, pero ahora he perdido
                          la esperanza que antes tenía
                          y sé que nunca podré ver las
                          cosas con mis ojos, como las
                          ven los demás y es algo que
         inunda mi corazón de tristeza y me ahoga en un
         mar de lágrimas.
            Vivo con mis padres y mis hermanos, aun-
         que solo voy allí los fines de semana, pues voy
         a un colegio para ciegos y permanezco allí cin-
         co días a la semana. En el colegio tengo una
         amiga que se llama Pepa, es muy buena conmi-
         go y es de mi edad. Ella es ciega, pero no de
         nacimiento, ella tuvo un accidente y se quedó
         ciega. En los ratos libres me cuenta como se es-
         conde el sol por detrás de las montañas, allá por
         el horizonte. Ella me dice que cada vez se acuer-
         da menos de cómo son todas esas cosas y se
         pone muy triste de pensar que nunca más las
         volverá a ver; yo la consuelo diciéndole que yo
         nunca las podré ver y que por lo menos ella las
         ha visto.
            Aquí en el colegio, me va bastante bien y
         me gusta mucho escribir, puede que de mayor
         sea escritora. Yo escribo sobre las cosas que dice
         Pepa como son, sobre todas las cosas que los
         demás pueden ver. A Pepa le gusta mucho leer y
         yo le dejo que me lea cuentos, aunque yo tam-
         bién sé leerlos, incluso mejor que ella.
            Conozco varias cosas muy bien, como el
         colegio, mi casa, el ruido que hace el coche de
         mi padre, y algunas cosas más. También conoz-
         co cuando oigo por mi casa los pasos de mi
         madre, de mi padre o de mi hermana, y los dis-
         tingo por su rapidez o su lentitud, y por su fuer-
         za o debilidad.
            Cuando mis padres me llevan del colegio a
         casa, voy a mi habitación y me siento al lado de
         la ventana, desde allí hay una vista magnífica
         del mar, que pena que no la pueda ver. Allí cie-
         rro los ojos y escucho el ruido que producen las
         olas al caer, una después de otra; debe ser estu-  estaba triste, pero aunque intentaba ocultarlo  algún día pudiera ver, pero fue por unos instan-
         pendo ver el mar con esa espuma que salta por  dentro de mí había mucha tristeza.     tes. Pero de todos modos pensé en que no sólo
         encima de las olas, y en los días de tormenta,  Esa noche me tranquilicé un poco y me fui a  yo tenía problemas, pues algunas personas no
         cuando el mar está furioso, ver como las olas  dormir, después mi madre vino a mi habitación  tienen padres o son también minusválidas, y no
         parecen que tocan el cielo, pero yo no lo podré  y ella y yo hablamos un rato. Más tarde, cuando  por ser ciega tendría que vivir siempre pensan-
         ver nunca. No podré saber cómo es en verdad  ya se iba, me fue a dar un beso y yo aspiré su  do en que era muy desgraciada, y me prometí a
         sin que me lo cuenten mi madre o mi amiga  aroma, pues eso me tranquilizaba, y luego me  mí misma que desde ese momento no pensaría
         Pepa.                                      dio las buenas noches. Estuve bastante tiempo  en los problemas que tenía, sino en ser feliz; y
            Hoy he estado pensando en mi incapacidad,  despierta, pensando en cómo sería vivir sin ver-  espero que otras personas también piensen así y
         en mi problema, en la suerte que tienen los que  lo todo oscuro. Después conseguí dormirme y  no se amarguen porque tengan alguna incapaci-
         no son ciegos y me han entrado ganas de llorar,  cuando lo hice soñé que el médico me decía que  dad como la mía.
         pues me pierdo muchas cosas que otros pueden  iba a recuperar la vista. Al día siguiente, al re-
         ver y que serán muy bonitas; pero no he llora-  cordar el sueño un sentimiento de esperanza re-  Mª Rocío Martínez Bañón
         do, porque no quería que mi madre viera que  corrió mi cuerpo y ese sentimiento era el de que  Taller Lectoescritura N

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