Page 12 - reloj-019-A2012
P. 12

CONCURSO DE CUENTOS



              XIX Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»



         Primer Premio • Categoría D

          ¡Quiero ser como tú!



                           Al abrir los     Ella le obedeció y le siguió has-  y la chica se lo sirvió. Se levantó  confundido entre la gente como
                          ojos, su mira-  ta los ascensores, que estaban al  para poder coger alguno de esos  una más».
                          da azul escu-   fondo del pasillo, él pulsó el botón  tiernos bollos para acompañar su  Del techo colgaban cuatro
                          driñó toda la   del ascensor y esperó sonriente al  café con leche o algún croissant,  grandes lámparas tipo arañas, que
                          habitación, el  lado de Lucía, cuando la puerta se  todo era tan apetecible que ni si-  en su día eran encendidas con ve-
                          dosel tostado   abrió, le cedió el paso indicándole  quiera se podía decidir qué tomar  las y según le habían contado, en
                          con sus ba-     que entrara en él, todo era tan ele-  para desayunar. Una vez recobra-  aquel salón se hacían grandiosos
                          laústres tor-   gantísimo en aquel hotel, hasta  das las fuerzas, pensó que no po-  bailes con la gente con más clase
         neados, las cortinas aterciopeladas  aquel ascensor dorado con moque-  día seguir en ese estado de shock.  y posición social de Venecia.
         de las ventanas, las lamparitas de  ta roja y espejo en el techo, que  O no podría ver nada, así que ter-  Después de cenar volvió a su
         cristal que amplificaban el hilo de  perdías la noción del tiempo, por  minó de desayunar y se preparó  habitación y se puso a revisar to-
         luz de la ventana en mil y un ar-  mucho que hubiera visto en folle-  para salir. Con su mochila al hom-  dos los apuntes y notas que había
         coíris, estrellados contra las pintu-  tos y revistas no le hacía justicia a  bro, zapatillas para patear, su dia-  ido apuntando en su diario, asimis-
         ras del techo, parecían darle vida...  la realidad. Ya dentro del ascensor,  rio para no perder detalle, quería  mo revisó las fotos que había ido
         sonrió. Saltó de la cama y se diri-  él volvió a pulsar el botón, cuando  apuntar todo lo que veía, todos sus  haciendo y en ese trajín, cayó ago-
         gió a la ventana, abriéndola de par  se abrió la puerta los ojos de Lucía  pensamientos, pues iba a tomar  tada, dormida, sobre la almohada
         en par y saliendo a la balconada,  se abrieron de par en par, estaba  nota de todo, y cuando volviera a  de la cama.
         suspiró y su alegría, su gozo, le  fascinada, no podía creer lo que  casa, escribiría un libro con sus vi-  A la tarde siguiente, cansada de
         invadió el corazón, creía temblar,  estaba viendo.               vencias, también llevaba una cá-  caminar, decidió tomarse un des-
         por fin, ya estaba allí, otro de sus  - Aquí se sirve el desayuno - le  mara de fotos y un plano de la ciu-  canso, era una tarde templada del
         sueños hecho realidad estaba en  indicó el muchacho señalando con  dad con los puntos de interés re-  mes de abril, el sol estaba cayendo
         Venecia.                         su mano, ella solo atinó a decirle  comendados, aunque ella pensaba  y pensó que un pequeño intervalo
            Lucía se había alojado en un  en voz baja.                    que en cualquier punto de la ciu-  y un respiro en su visita no le ven-
         hotel, ubicado en un edificio del  - Gracias - El muchacho se des-  dad por el que pasara, sería de in-  drían nada mal. Se sentó en la te-
         siglo XVIII, guardaba todo su en-  pidió y se marchó.            terés.                          rraza de una cafetería en la plaza
         canto de la época, suelos y escale-  Estaba en la azotea, en una te-  Su primera visita fue a la Basí-  de San Marcos, viendo pasar a mi-
         ras de mármol, preciosas lámparas  rraza que se había habilitado para  lica de San Marcos, a su plaza y  les de turistas como ella haciendo
         de cristal de murano, alfombras,  servir los desayunos tipo bufé y  cómo no, a dar un paseo en gón-  fotos, niños corriendo y con gran
         cortinas, cuadros, espejos repuja-  alguna que otra pequeña fiesta pri-  dola. En el hotel le habían aconse-  algarabía, gentes de un lado a otro,
         dos en oro... Era entrar allí y vol-  vada por las noches con pequeñas  jado una ruta a seguir, Lucía asin-  disfrutando como ella de esa ciu-
         ver atrás en el tiempo. Cualquiera  mesitas redondas, con dos sillas de  tió complacida el consejo y pidió  dad de ensueño. Estando allí, al-
         de sus ventanas ofrecía preciosas  fina forja blanca cada una, con  si le podían preparar algo para co-  guien se le acercó.
         vistas panorámicas de la ciudad de  manteles de hilo fino bordados en  mer que pudiera llevar en su mo-  - ¡Buenas tardes! ¿Eres españo-
         Venecia. Estaba a pocos minutos a  color blanco, todas tenían peque-  chila, porque no pensaba parar ni  la, verdad?
         pie de la plaza de San Marcos, es  ños búcaros de cristal con flores del  para comer, quería verlo todo. Pasó  - Sí, buenas tardes. - Sonrió, ex-
         todo lo que ella podía y había ima-  tiempo y ¡por Dios!, tenía unas  todo el día caminando, haciendo  trañada.
         ginado.                          exclusivas vistas de la ciudad de  fotos a todo y de vez en cuando se  - Llevo un rato observándote,
            Entró de nuevo en la habita-  Venecia que quitaban la respira-  sentaba para escribir en su diario.  ¿esperas a alguien? ¿Puedo sentar-
         ción, tenía tantas cosas por ver, tan-  ción. Desde allí se podían divisar  Cuando llegó al hotel subió a su  me?
         tas por hacer... Y tan poco tiempo,  las cúpulas blancas y la torre del  habitación, se dio una ducha para  - Sí y no.
         que todo lo quería saborear, pal-  campanario de la Catedral de San  relajarse y retomar fuerzas para ir  - ¿Cómo...? - preguntó él con-
         par cada minuto, no dejar escapar  Marcos, igual que los canales ad-  a cenar. Después de estar todo el  fundido, ella soltó una carcajada.
         ningún segundo. Así que se vistió  yacentes. Además, el cielo brilla-  día en la calle, pensó que una bue-  - No me importa que te sientes,
         para salir a la calle, a conocer Ve-  ba de un azul intenso, como dán-  na cena le haría bastante bien. En-  y no espero a nadie, viajo sola. -
         necia, a recorrer sus calles, sus ca-  dole la bienvenida a la ciudad. Es-  tró en el comedor, era un gran sa-  Así que él se sentó frente a ella.
         nales... a no perderse nada. Al sa-  taba tan emocionada, tan inmersa  lón, decoraban sus paredes gran-  - ¿Cómo te llamas? - le pregun-
         lir de la habitación, se cruzó con  en lo que veía y pensaba, que por  des cuadros con pinturas de los ca-  tó.
         un botones en el pasillo.        un momento olvidó que había su-  nales, de la catedral y a Lucía le  - Lucía, ¿y tú?
            - «Buongiorno signorina!»     bido a desayunar. Se le acercó una  llamó mucho la atención uno, en  - Santiago - contestó él.
            - ¡Buenos días! - Contestó ama-  chica y le ofreció una mesa, y ella  el que había unas parejas vestidas  Mantuvieron una agradable
         blemente con una gran sonrisa, la  accedió gustosa a sentarse, una vez  de época con grandes pelucas blan-  conversación, era simpático y te-
         cual el muchacho le devolvió.    sentada, se le volvió a acercar con  cas y antifaz, iban vestidos con los  nía una mirada interesante, repei-
            - ¡Oh!,  española, ¿ha desayu-  una cafetera.                 trajes típicos de carnaval, no le  nado y engominado, le contó que
         nado usted ya? - Preguntó el boto-  - ¿Café?                     hubiera disgustado ir en esas fe-  estaba con un grupo de amigos en
         nes, ahora en español, Lucía negó  - Con leche, por favor - respon-  chas, pensó: «me hubiera vestido  un hotel cercano al suyo y que era
         con la cabeza. - Sígame, por favor.  dió Lucía asintiendo con la cabeza  con un traje de esos y me hubiera  gallego, tenía un acento que a ella
          12
   7   8   9   10   11   12   13   14   15   16   17