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CONCURSO DE CUENTOS
XIX Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»
le parecía muy gracioso. Estuvie-
ron prácticamente toda la tarde
charlando, luego la acompañó a su
hotel, y quedaron para ir a comer
al día siguiente y seguir visitando
la ciudad, él se quedaría solo, pues
sus amigos iban a salir a hacer una
pequeña travesía en barco y él no
iba a ir, porque se mareaba.
A la mañana siguiente, tal y
como le había dicho a las 11:30,
pasó a recogerla por su hotel, dis-
puesto a pasar todo el día juntos.
Ella no quiso que la invitara a co-
mer, cada uno lo suyo, es lo nor-
mal, le comentó ella, y él asintió.
Pasearon en góndola, visitaron al-
gún museo, tiendas y lo pasaron
bien. Pero cuando la acompañaba
de nuevo a su hotel, el intentó be-
sarla y ella le paró los pies.
- Lo siento, creo que estás con-
fundiendo las cosas. - Le dijo ella.
- No, el que lo siente soy yo, a hacer alguna foto más de aquella riéndole. Le recordaba tanto a ella bién le contó que era el viaje que
pensaba que... - Intentó disculpar- maravillosa ciudad con las medias misma cuando tenía su edad, su le había prometido siempre su
se, ella aceptó. luces del atardecer, si Venecia era pelo ondulado y moreno, tenía abuelo, pero que el destino, o la
No, aquello no era lo que ella preciosa de día, de noche e ilumi- también los ojos azules como ella, vida, no les había permitido hacer
había ido a buscar allí, realmente nada por las luces artificiales, le pero algo más grandes, su cara re- juntos. Y que después de morir se
lo único que le interesaba era dis- daban un esplendor diferente y úni- dondeada, con sus mejillas peco- prometió hacer esos viajes y creía
frutar de aquella preciosa ciudad, co. No contó las fotos que hizo esa sas, Lucía pensaba que estaba de- no tener mucho tiempo, pues con
su corazón ya había sido ocupado noche, aunque fueron muchas. masiado delgada, no obstante, las 75 años la vida ya no te da mucho
con anterioridad y no necesitaba a Durante los días siguientes, an- niñas de su edad son todas así, se margen. Carolina la abrazó y la
nadie que ocupara su sitio. Así que, tes de su partida, disfrutó de su es- decía para sí. Y sobre todo, era besó, después de meter las male-
una vez aclaradas las cosas y de- tancia en aquel maravilloso hotel. bonita, ¡divina juventud!, pensó. tas en el maletero.
cirle que amigos sí, pero más no y Se tomó una mañana de relax en Claro, por supuesto, qué va a pen- - ¿Has dicho esos viajes? - Dijo
él acceder, prosiguieron su paseo el spa del hotel. Y se apuntó a ha- sar o qué puede pensar una abuela sorprendida.
hasta el hotel donde se hospedaba cer alguna otra excursión de las de la niña de sus ojos. - Por supuesto..., creo que al
Lucía. Él se despidió y le dijo que que promovía el hotel y seguir vi- - ¡Abuela! ¡Abuela! - Gritó Ca- próximo te llevaré conmigo - rie-
al día siguiente volvía a España. sitando rincones, que quizás si no rolina con los brazos en alto. ron las dos - pero de momento no
- ¿Nos volveremos a ver? - Pre- hubiera sido así, se le hubieran es- - ¿Cómo estás, cariño? - Pre- le digas nada a tu padre.
guntó Santiago. capado. Aprovechar cada momen- guntó Lucía. - Abuela - calló por un momen-
- ¿Por qué no...? - Sonrió Lu- to, cada detalle tal y como se ha- - Muy bien ¿y tú? ¿Qué tal? Me to Carolina. Se le quedó mirándo-
cía. - Me gustaría tenerte en mi gru- bía propuesto antes de salir de casa, lo tienes que contar todo... - no pa- la con admiración, su abuela era
po de amigos, a pesar de la distan- hasta el último día que estuvo allí. raba de hacerle preguntas, mirán- una mujer envidiable, hacía dos
cia de nuestras ciudades. A su llegada al aeropuerto, el avión dola de arriba abajo, dándole be- años se decidió a sacarse el bachi-
- Claro... - él también sonrió - en el que viajaba llegaba con cua- sos mientras le arrebataba de sus ller y lo había conseguido, después
se despidieron con un abrazo, un tro horas de retraso. Cuando lla- manos delgadas y arrugadas el ca- escribió un libro con recetas de co-
par de besos en la mejilla y un hasta mó a Carolina por teléfono desde rrito con las maletas. cina, tenía tiempo para hacer pas-
siempre. el aeropuerto de Venecia, le co- - Venecia tal y como pensaba teles y tartas para los cumpleaños
Tumbada en su cama contem- mentó que posiblemente llegaría es maravillosa... - dijo sonriendo. de sus nietos e hijos, salía con sus
plando el dosel de la cama se echó con retraso, y que no fuera a por Salieron del edificio en direc- amigas, reunía a sus hijos los fines
a reír a carcajadas, ¿qué había ocu- ella. Sin embargo, se había empe- ción a los aparcamientos en busca de semana para comer todos jun-
rrido hoy? Se preguntó. Eso tam- ñado en ir a recogerla. Lucía le dijo del coche de Carolina. Mientras tos, viajaba y encima quería escri-
bién lo tendría que contar en su dia- que podría coger un taxi, para vol- tanto, Lucía le contaba a su nieta bir sus memorias y las vivencias
rio o quizás fuera mejor omitirlo... ver a casa pero Carolina siguió in- las cosas que había visto, cómo era sobre sus viajes. Carolina volvió a
¿Por qué no? Ella no había hecho sistiendo en que no le importaba el hotel, sus salones majestuosos, abrazar a su abuela y le dijo:
nada malo y no tenía que darle ex- tener que esperar, era igual de ca- sus habitaciones, le dijo cómo lo «¡Quiero ser como tú!»
plicaciones a nadie, siguió riendo. bezota que ella. Cuando salió por había ido escribiendo todo en un
Por la ventana del balcón vio ano- la puerta empujando su carrito con diario y que pretendía escribir sus Inmaculada Ibáñez Azorín
checer y pensó en subir a la azotea las maletas, la vio frente a ella son- memorias y sus vivencias. Tam- 4º ESPA
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