Page 13 - reloj-019-A2012
P. 13

CONCURSO DE CUENTOS



              XIX Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»



         le parecía muy gracioso. Estuvie-
         ron prácticamente toda la tarde
         charlando, luego la acompañó a su
         hotel, y quedaron para ir a comer
         al día siguiente y seguir visitando
         la ciudad, él se quedaría solo, pues
         sus amigos iban a salir a hacer una
         pequeña travesía en barco y él no
         iba a ir, porque se mareaba.
            A la mañana siguiente, tal y
         como le había dicho a las 11:30,
         pasó a recogerla por su hotel, dis-
         puesto a pasar todo el día juntos.
         Ella no quiso que la invitara a co-
         mer, cada uno lo suyo, es lo nor-
         mal, le comentó ella, y él asintió.
         Pasearon en góndola, visitaron al-
         gún museo, tiendas y lo pasaron
         bien. Pero cuando la acompañaba
         de nuevo a su hotel, el intentó be-
         sarla y ella le paró los pies.
            - Lo siento, creo que estás con-
         fundiendo las cosas. - Le dijo ella.
            - No, el que lo siente soy yo,  a hacer alguna foto más de aquella  riéndole. Le recordaba tanto a ella  bién le contó que era el viaje que
         pensaba que... - Intentó disculpar-  maravillosa ciudad con las medias  misma cuando tenía su edad, su  le había prometido siempre su
         se, ella aceptó.                 luces del atardecer, si Venecia era  pelo ondulado y moreno, tenía  abuelo, pero que el destino, o la
            No, aquello no era lo que ella  preciosa de día, de noche e ilumi-  también los ojos azules como ella,  vida, no les había permitido hacer
         había ido a buscar allí, realmente  nada por las luces artificiales, le  pero algo más grandes, su cara re-  juntos. Y que después de morir se
         lo único que le interesaba era dis-  daban un esplendor diferente y úni-  dondeada, con sus mejillas peco-  prometió hacer esos viajes y creía
         frutar de aquella preciosa ciudad,  co. No contó las fotos que hizo esa  sas, Lucía pensaba que estaba de-  no tener mucho tiempo, pues con
         su corazón ya había sido ocupado  noche, aunque fueron muchas.   masiado delgada, no obstante, las  75 años la vida ya no te da mucho
         con anterioridad y no necesitaba a  Durante los días siguientes, an-  niñas de su edad son todas así, se  margen. Carolina la abrazó y la
         nadie que ocupara su sitio. Así que,  tes de su partida, disfrutó de su es-  decía para sí. Y sobre todo, era  besó, después de meter las male-
         una vez aclaradas las cosas y de-  tancia en aquel maravilloso hotel.  bonita, ¡divina juventud!, pensó.  tas en el maletero.
         cirle que amigos sí, pero más no y  Se tomó una mañana de relax en  Claro, por supuesto, qué va a pen-  - ¿Has dicho esos viajes? - Dijo
         él acceder, prosiguieron su paseo  el spa del hotel. Y se apuntó a ha-  sar o qué puede pensar una abuela  sorprendida.
         hasta el hotel donde se hospedaba  cer alguna otra excursión de las  de la niña de sus ojos.       - Por supuesto..., creo que al
         Lucía. Él se despidió y le dijo que  que promovía el hotel y seguir vi-  - ¡Abuela! ¡Abuela! - Gritó Ca-  próximo te llevaré conmigo - rie-
         al día siguiente volvía a España.  sitando rincones, que quizás si no  rolina con los brazos en alto.  ron las dos - pero de momento no
            - ¿Nos volveremos a ver? - Pre-  hubiera sido así, se le hubieran es-  - ¿Cómo estás, cariño? - Pre-  le digas nada a tu padre.
         guntó Santiago.                  capado. Aprovechar cada momen-  guntó Lucía.                      - Abuela - calló por un momen-
            - ¿Por qué no...? - Sonrió Lu-  to, cada detalle tal y como se ha-  - Muy bien ¿y tú? ¿Qué tal? Me  to Carolina. Se le quedó mirándo-
         cía. - Me gustaría tenerte en mi gru-  bía propuesto antes de salir de casa,  lo tienes que contar todo... - no pa-  la con admiración, su abuela era
         po de amigos, a pesar de la distan-  hasta el último día que estuvo allí.  raba de hacerle preguntas, mirán-  una mujer envidiable, hacía dos
         cia de nuestras ciudades.        A su llegada al aeropuerto, el avión  dola de arriba abajo, dándole be-  años se decidió a sacarse el bachi-
            - Claro... - él también sonrió -  en el que viajaba llegaba con cua-  sos mientras le arrebataba de sus  ller y lo había conseguido, después
         se despidieron con un abrazo, un  tro horas de retraso. Cuando lla-  manos delgadas y arrugadas el ca-  escribió un libro con recetas de co-
         par de besos en la mejilla y un hasta  mó a Carolina por teléfono desde  rrito con las maletas.  cina, tenía tiempo para hacer pas-
         siempre.                         el aeropuerto de Venecia, le co-  - Venecia tal y como pensaba  teles y tartas para los cumpleaños
            Tumbada en su cama contem-    mentó que posiblemente llegaría  es maravillosa... - dijo sonriendo.  de sus nietos e hijos, salía con sus
         plando el dosel de la cama se echó  con retraso, y que no fuera a por  Salieron del edificio en direc-  amigas, reunía a sus hijos los fines
         a reír a carcajadas, ¿qué había ocu-  ella. Sin embargo, se había empe-  ción a los aparcamientos en busca  de semana para comer todos jun-
         rrido hoy? Se preguntó. Eso tam-  ñado en ir a recogerla. Lucía le dijo  del coche de Carolina. Mientras  tos, viajaba y encima quería escri-
         bién lo tendría que contar en su dia-  que podría coger un taxi, para vol-  tanto, Lucía le contaba a su nieta  bir sus memorias y las vivencias
         rio o quizás fuera mejor omitirlo...  ver a casa pero Carolina siguió in-  las cosas que había visto, cómo era  sobre sus viajes. Carolina volvió a
         ¿Por qué no? Ella no había hecho  sistiendo en que no le importaba  el hotel, sus salones majestuosos,  abrazar a su abuela y le dijo:
         nada malo y no tenía que darle ex-  tener que esperar, era igual de ca-  sus habitaciones, le dijo cómo lo  «¡Quiero ser como tú!»
         plicaciones a nadie, siguió riendo.  bezota que ella. Cuando salió por  había ido escribiendo todo en un
         Por la ventana del balcón vio ano-  la puerta empujando su carrito con  diario y que pretendía escribir sus  Inmaculada Ibáñez Azorín
         checer y pensó en subir a la azotea  las maletas, la vio frente a ella son-  memorias y sus vivencias. Tam-  4º ESPA

                                                                                                                                    13
   8   9   10   11   12   13   14   15   16   17   18