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CONCURSO DE CUENTOS
X Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»
No te voy a engañar, está muy grave, ta presión.
en estos momentos luchan por su Encendí la luz, miré el reloj y
vida. sólo habían transcurrido 5 minutos,
Me quedé de piedra, en otro mun- no podía ser, a este paso me iba a
do, no sabía en qué pensar, hacer o volver loco, cosa que poco a poco
decir. me iba ocurriendo, y entre tanto no
-¿Sigues ahí? –preguntó mi ma- podía borrar de mi mente el reflejo
dre. de mi hermana. Recordaba los mo-
-Sí – respondí en un intento de mentos que habíamos pasado juntos,
reacción. No podía morir. Sus grandes expec-
-Acuéstate y duerme un rato. tativas de vida y sus ganas de vivir
Cuando sepamos algo te llamamos y no le dejarían, pero podía pasar, y no
no le digas nada a tus hermanos. podía estar a su lado, despedirme, ni
Simplemente hemos salido tempra- un mísero adiós. No podría vivir con
no. ese peso toda la vida. Era demasiado
-¿Cuándo puedo ir? para mí.
-Todavía es pronto y por ahora Decidí llamar a mi madre al telé-
necesito que te quedes con ellos.-Se fono móvil. Descolgué, comencé a nube. Creemos que somos tanto, que lo
despidió. marcar. tenemos todo y en un instante lo
Un gran sentimiento de culpa me 6.30 A.M. perdemos sin saber porqué, ni lo que
6.00 A.M. invadió de repente. Como podía pen- Un escalofrío recorrió mi cuer- nos espera al otro lado.
Después de mucho cavilar me di sar en eso, era mi hermana y pensan- po. Hoy, un año después, no sé si por
cuenta de que era inútil darle más do en su triste final. Y encima egoís- El teléfono sonó de nuevo. Aho- cosas del destino, todavía no he su-
vueltas y que lo único que cabía ta, no podía preocupar más a mis ra mi padre se encontraba al otro perado el mazazo que nos dio la
hacer por mi parte era intentar dor- padres. lado. Entre llantos murmuró: Ya no vida, y no sé si lo superaré algún día.
mir, aunque era consciente de la im- En ese mismo instante el zumbi- está entre nosotros, nos ha dejado. Ya sólo pienso en el día en que la
posibilidad de este acto. do del comunicar del teléfono se No lo podía creer. Colgué instin- vuelva a tener delante, para decirle
La oscuridad volvía a absorber- metió hasta el fondo de mi oído y me tivamente el teléfono sin decir nada. lo mucho que la echo de menos, y no
me y con ella la soledad. Menuda hizo bajar de aquello que llaman Me quedé de piedra sentado en el permitirle que se vuelva a marchar
mezcla. No podía más. Era imposi- nube. Aunque puedo asegurar que sillón, de nuevo conmigo mismo. sin al menos “una despedida”.
ble que cualquier persona en mis en ese momento mi mente se encon- En ese momento me di cuenta de Luis Pérez López
circunstancias hubiera soportado tan- traba en un lugar muy distinto a una la vulnerabilidad del ser humano. Garantía Social
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Primer Premio • Categoría D del arcaico vagón. padre, que… es confuso, mi padre le
Lleva un pesado mochilón y deja llamaba, muchacha ojos de papel –
Pensamiento de un sueño entrever, bajo su desgastada chupa, un respondió el chiquillo con carisma.
guardapolvo usado, con algunos dibu-
-Me halagas con tus palabras y…
jos y firmas. ¿sabes?, tu faz me recuerda también a
Imagina, bailar como antes, llenando así el tiem- Se acerca a su cuerpo sentándose alguien muy querido –Contesta con
imagina que es- po que inexorablemente pasó. al lado y, con una sonrisa cobarde, le voz temblorosa, y añade… - Rompe
tás en un lugar dice: mi corazón de tiza.
pequeño, oscu- Pasan horas, rostros, manos, can- -Hola, ¿cómo está? -Oiga, perdón, oye. Tus ojos me
ro escondido; ciones… Se hace tarde, ella te mira, -Bien, gracias –contesta sonrosada recuerdan al mar, muchacha ojos de
lleno de humo. pero no te reconoce, y decide ir a la dama. papel azul celeste.
Un rincón inva- pasear por las calles donde borracha -Disculpe, señora. Sentí la necesi- -¡Vaya! ¿Te gusta el mar? –dice
dido de magia, vivió, recibiendo golpes, no solo de la dad de, no sé… charlar con usted – claramente la mujer.
ilusiones y re- vida. objeta nervioso. -Jamás lo vi. Hace unos días salí
cuerdos, secretos, ardientes Rumbo al albergue, en el ferroca- -Por favor, tutéame –dice espontá- junto a unos chabones de la escuela,
deseos…Los aromas que tu sangre rril Sarmiento, distingue, pese a la neamente ella, mientras sacude su me- con el ánimo de descubrir así su recón-
inspira son fuertes, abrumadores, lle- oscuridad, los paisajes que deseó con- lena. ¿Cómo te llamas? dito aroma, pero surgieron problemas
nos de misterio… Imagina que es una templar. Mira los rostros de los com- -Facundo, señorita –responde el con los “pacos”, y sin conseguir nues-
tanguería del Viejo Buenos Aires y pañeros de viajes, rutinas y bostezos, chico contemplándola un rato sin me- tro fin, tuvimos que retroceder. Ya
observas a una señorita. Ronda los Saca de su diminuto bolso de cuero un diar palabra, hasta que pregunta, -Che, estoy llegando a mi rancho.
cincuenta años, está apoyada en la arruinado libro, algunas viejas fotos y ¿de dónde venís?
barra, mostrando sus delicadas cicatri- una amarillenta carta escrita a máqui- -Desde muy lejos. Ella lo lamentó mucho y no pudo
ces, con un ceñido traje color negro na. Piensa que no hay nada más bellos -¿Lejos? ¿cómo de lejos puede evitar que una lágrima recorriera su
sobre su blanca delgadez, fumando un que lo que nunca ha tenido, nada más estar una mujer, la cual me resulta tan mejilla lentamente, hasta chocar con
Jockey mientras agita su cabellera car- amado que lo que perdió, como dice la familiar? la comisura de sus labios y desapare-
mesí. Como una flor nocturna, imagi- canción titulada con su nombre. -Tan lejos como al otro lado del cer.
nando que sueña, olvidando con ayu- Mientras, llenos de duda, la vigi- océano. -No te preocupes, estoy bien. Solo
da de una copa llena de licor de malta lan unos ojos de apariencia triste, con -Pero, ¿dónde te metiste? Y… ¿por un poco más flaco. Vos a mi edad
fermentada. inocencia y soledad. Son color cielo, qué? ¿te escondías de alguien? – pre- seguro que también cometías locuras,
Las horas pasan lentamente y el como una noche de invierno, como esa gunta curioso. ¡Son tantas sus dudas! aventuras de esas para guardar bajo
humo va aumentando poco a poco. La noche. Es un chico de unos quince -¿Por qué ansías saber de mí? – llave.
música aturde. Muchos son los que le años que, al observar el rostro de la responde la dama con delicadeza. -Sí, soy de las que piensan que es
piden un baile, pero no llega su tan señorita, reacciona con una expresión -Porque al mirarla me recuerda mejor tener experiencias que acumu-
ansiado príncipe azul, para despertar- de alegría en sus labios, como si debie- tanto a una imagen, que desde siempre lar cosas.
la, y estrechándola entre sus brazos ra decirle algo antes de que se bajara contemplo en un álbum antiguo de mi -Cuéntame alguna.
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