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CONCURSO DE CUENTOS
XI Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»
Primer Premio • Categoría C
Ese dulce olor
Todo em- car, indicios que me pudiesen acercar a
pezó a marchar ti…
bien a partir de Así inició Marcela la confesión es-
una fotografía de crita que estuvo redactando durante las
una niña morena, horas que estuvo velando junto a la cama
con un lunar bajo de su hija Laura, mientras ésta dormía,
el pómulo iz- por fin al calor y bajo el cuidado de su
quierdo que me propia madre, de la que había sido aleja-
mostraron un día da y a la que apenas podía reconocer.
aquellas madres luchadoras de la Plaza Aquella noche, nueve años después, era
de Mayo, en Buenos Aires, donde yo distinta, se sentía feliz. Cuando pudieron
había vivido unos penosos años. quedarse a solas, madre frente a hija,
Esas mujeres me recibieron con los empezaron a descubrirse, se miraron en
brazos abiertos y se mostraron dispuestas el espejo: el color del cabello, el lunar
a colaborar en la búsqueda de su parade- bajo el pómulo, los mismos ojos, la mis-
ro, a pesar de lo difícil que era semejante ma boca; se parecían mucho. Pero lo que
tarea, y a pesar de que hacía más de ocho verdaderamente cautivó a Marcela fue
años que me habían arrebatado a mi hija, ese olor persistente que sintió al bañar a
que te habían separado de mí. Laura, un olor dulzón que desprendía el trabajado conmigo y que habían organi- fuiste recogida por una familia humilde.
Yo había oído hablar de ellas, unas cuerpo de su hija cuando fue a acostarla, zado colectivos de resistencia ante la Cuando te encontraron, vivías en una
mujeres empeñadas en la búsqueda de de manera que volvió a bañarla de nuevo, explotación a la que habíamos estado zona suburbana, y vendías queroseno en
sus hijos y nietos perdidos, apresados o pero por más que la enjabonaba, no se sometidos: falta de higiene en el trabajo, un carro tirado por un viejo caballo. Qué
incluso desaparecidos en los campos de quitaba ese olor. Marcela empezó a re- siempre en malas condiciones e insegu- momentos más desesperantes he vivido
concentración a los que habían sido lle- cordar… ro; con un salario que apenas nos servía en el aeropuerto esperándote. Has venido
vados, bajo el dominio militar de este Yo había venido a Buenos Aires sien- para alimentarnos. Yo no encontraba nin- acompañada de las dos mujeres que te
país. do joven desde Suiza. Conviví durante gún motivo para delatar a unos compañe- han encontrado. He recuperado a mi
Muchos de estos niños y niñas mu- los primeros años con obreros inmigran- ros y amigos, aquello se convirtió en un hija…
rieron arrancados de sus hogares y lejos tes, formamos una gran familia, con los suplicio. Incluso algunas compañeras Marcela sigue recordando mientras
de sus padres, otros fueron repartidos mismos problemas que resolver. Estába- fueron violadas y sometidas al simulacro lava de nuevo a su hija Laura; ahora
como botín de guerra. Yo pensaba que te mos muy unidos. de un fusilamiento con balas de fogueo. recuerda ese olor de los bebés cuando
había perdido para siempre, pero no me Cuando se instauró la dictadura mili- He estado ocho años presa y al fin fui acaban de mamar. Laura tiene diez años
acobardé. Recogí fotografías de cuando tar en Argentina, fuimos amenazados, expulsada del país. Pero gracias a estas y esta noche huele a recién nacida. Pasa-
eras pequeña, un bebé. Busqué testigos perseguidos y hechos prisioneros del ré- mujeres tan activas en su empeño puede do y presente se han fundido. Ha desapa-
que pudiesen haberte visto cuando me gimen militar. Yo fui capturada un vier- contactar con ellas y ofrecerles datos recido ese paréntesis en las vidas de
detuvieron al salir del trabajo; hablé de tu nes por la noche, al salir del trabajo. Ya sobre ti. Tú te llamas Laura Arze, y tenías Marcela y Laura. Madre e hija se han
marca de nacimiento, igual que la mía no te vi más. Junto a otras mujeres fui año y medio cuando me fuiste arrebata- reencontrado y se han descubierto.
(ese lunar bajo el pómulo izquierdo), torturada, obligada a decir nombres de da; me han dicho que pasaste varios años Lidia Muñoz Sánchez
hablé de señales que te pudieran identifi- compañeros y compañeras que habían en centros de acogida, y que después I. Profesional
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Primer Premio • Categoría D
cintura. Las mujeres de Amemba le blar con los demás ancianos sobre
llamaban Dabén. Siempre estaba en- una luz que cruzaba el poblado cada
El misterio de Dabén redando a los demás muchachos en 24 de diciembre. Decían que era una
sus historias fantásticas. Unas histo- luz cegadora, deslumbrante y que
Había escribir, a dibujar, a cantar, a com- rias que había escuchado a los más hechizaba a todo aquel que la mira-
una vez un pe- partir… incluso desde pequeños ancianos del poblado y luego él au- se, dejándolo mudo para el resto de
queño y tran- aprendían a secar las hojas de taba- mentaba y exageraba, añadiéndoles sus días. Dabén recordó entonces,
quilo poblado co, ya que era la principal fuente de su propia fantasía. que el año anterior todo el poblado
de indios al sur ingresos de todas las familias. Cada tarde después de ayudar en hablaba por aquellas fechas de la
de las islas ma- Entre todos los muchachos de casa a estirar las hojas de tabaco y misteriosa desaparición de un ancia-
landrinas lla- aquel poblado había uno que desta- ponerlas a secar, los chicos se re- no del que nunca jamás se supo nada.
mado “Amem- caba por su belleza y especialmente unían tras la iglesia del poblado para Aquella historia fascino a Dabén
ba”. Se escon- por su ingenio. Tenía los ojos gran- oír las historias de Dabén. Los más y fue corriendo a contarla a todos los
día tras una enredada selva en la que des y verdes como las hojas de los pequeños escuchaban a Dabén bo- muchachos del poblado. Cuando les
cada cierto tiempo desaparecía algu- sauces que daban sombra a la iglesia quiabiertos, con los ojos como pla- contó la historia, exagerada como
no de sus habitantes sin dejar ni del pueblo. Su piel era suave y oscu- tos, asombrados con cada una de sus siempre, algunos se asustaron y otros
rastro. La vida diaria de Amemba ra y su pelo… su pelo parecía estar historias. creyeron que les estaban tomando el
era tranquila, los más adultos ense- siempre enredado, tenía unos rizos Un día Dabén escuchó a Encam- pelo. Ninguno recordaba lo que ha-
ñaban a los más pequeños a leer, a largos y ásperos, le llegaban hasta la bo, el más longevo de Amemba, ha- bía pasado el año anterior porque
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