Page 11 - reloj-011-A2004
P. 11

CONCURSO DE CUENTOS




                XI Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»



         Primer Premio • Categoría C



          Ese dulce olor



                               Todo em-   car, indicios que me pudiesen acercar a
                          pezó a marchar  ti…
                          bien a partir de  Así inició Marcela la confesión es-
                          una fotografía de  crita que estuvo redactando durante las
                          una niña morena,  horas que estuvo velando junto a la cama
                          con un lunar bajo  de su hija Laura, mientras ésta dormía,
                          el pómulo iz-   por fin al calor y bajo el cuidado de su
                          quierdo que me  propia madre, de la que había sido aleja-
                          mostraron un día  da y a la que apenas podía reconocer.
         aquellas madres luchadoras de la Plaza  Aquella noche, nueve años después, era
         de Mayo, en Buenos Aires, donde yo  distinta, se sentía feliz. Cuando pudieron
         había vivido unos penosos años.  quedarse a solas, madre frente a hija,
            Esas mujeres me recibieron con los  empezaron a descubrirse, se miraron en
         brazos abiertos y se mostraron dispuestas  el espejo: el color del cabello, el lunar
         a colaborar en la búsqueda de su parade-  bajo el pómulo, los mismos ojos, la mis-
         ro, a pesar de lo difícil que era semejante  ma boca; se parecían mucho. Pero lo que
         tarea, y a pesar de que hacía más de ocho  verdaderamente cautivó a Marcela fue
         años que me habían arrebatado a mi hija,  ese olor persistente que sintió al bañar a
         que te habían separado de mí.    Laura, un olor dulzón que desprendía el  trabajado conmigo y que habían organi-  fuiste recogida por una familia humilde.
            Yo había oído hablar de ellas, unas  cuerpo de su hija cuando fue a acostarla,  zado colectivos de resistencia ante la  Cuando te encontraron, vivías en una
         mujeres empeñadas en la búsqueda de  de manera que volvió a bañarla de nuevo,  explotación a la que habíamos estado  zona suburbana, y vendías queroseno en
         sus hijos y nietos perdidos, apresados o  pero por más que la enjabonaba, no se  sometidos: falta de higiene en el trabajo,  un carro tirado por un viejo caballo. Qué
         incluso desaparecidos en los campos de  quitaba ese olor. Marcela empezó a re-  siempre en malas condiciones e insegu-  momentos más desesperantes he vivido
         concentración a los que habían sido lle-  cordar…                ro; con un salario que apenas nos servía  en el aeropuerto esperándote. Has venido
         vados, bajo el dominio militar de este  Yo había venido a Buenos Aires sien-  para alimentarnos. Yo no encontraba nin-  acompañada de las dos mujeres que te
         país.                            do joven desde Suiza. Conviví durante  gún motivo para delatar a unos compañe-  han encontrado. He recuperado a mi
            Muchos de estos niños y niñas mu-  los primeros años con obreros inmigran-  ros y amigos, aquello se convirtió en un  hija…
         rieron arrancados de sus hogares y lejos  tes, formamos una gran familia, con los  suplicio. Incluso algunas compañeras  Marcela sigue recordando mientras
         de sus padres, otros fueron repartidos  mismos problemas que resolver. Estába-  fueron violadas y sometidas al simulacro  lava de nuevo a su hija Laura; ahora
         como botín de guerra. Yo pensaba que te  mos muy unidos.         de un fusilamiento con balas de fogueo.  recuerda ese olor de los bebés cuando
         había perdido para siempre, pero no me  Cuando se instauró la dictadura mili-  He estado ocho años presa y al fin fui  acaban de mamar. Laura tiene diez años
         acobardé. Recogí  fotografías de cuando  tar en Argentina, fuimos amenazados,  expulsada del país. Pero gracias a estas  y esta noche huele a recién nacida. Pasa-
         eras pequeña, un bebé. Busqué testigos  perseguidos y hechos prisioneros del ré-  mujeres tan activas en su empeño puede  do y presente se han fundido. Ha desapa-
         que pudiesen haberte visto cuando me  gimen militar. Yo fui capturada un vier-  contactar con ellas y ofrecerles datos  recido ese paréntesis en las vidas de
         detuvieron al salir del trabajo; hablé de tu  nes por la noche, al salir del trabajo. Ya  sobre ti. Tú te llamas Laura Arze, y tenías  Marcela y Laura. Madre e hija se han
         marca de nacimiento, igual que la mía  no te vi más. Junto a otras mujeres fui  año y medio cuando me fuiste arrebata-  reencontrado y se han descubierto.
         (ese lunar bajo el pómulo izquierdo),  torturada, obligada a decir nombres de  da; me han dicho que pasaste varios años  Lidia Muñoz Sánchez
         hablé de señales que te pudieran identifi-  compañeros y compañeras que habían  en centros de acogida, y que después  I. Profesional



          ○  ○  ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○  ○ ○  ○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○
          Primer Premio • Categoría D
                                                                          cintura. Las mujeres de Amemba le  blar con los demás ancianos sobre
                                                                          llamaban Dabén. Siempre estaba en-  una luz que cruzaba el poblado cada
          El misterio de Dabén                                            redando a los demás muchachos en  24 de diciembre. Decían que era una
                                                                          sus historias fantásticas. Unas histo-  luz cegadora, deslumbrante y que
                               Había      escribir, a dibujar, a cantar, a com-  rias que había escuchado a los más  hechizaba a todo aquel que la mira-
                          una vez un pe-  partir… incluso desde pequeños  ancianos del poblado y luego él au-  se, dejándolo mudo para el resto de
                          queño y tran-   aprendían a secar las hojas de taba-  mentaba y exageraba, añadiéndoles  sus días. Dabén recordó entonces,
                          quilo poblado   co, ya que era la principal fuente de  su propia fantasía.      que el año anterior todo el poblado
                          de indios al sur  ingresos de todas las familias.  Cada tarde después de ayudar en  hablaba por aquellas fechas de la
                          de las islas ma-  Entre todos los muchachos de  casa a estirar las hojas de tabaco y  misteriosa desaparición de un ancia-
                          landrinas lla-  aquel poblado había uno que desta-  ponerlas a secar, los chicos se re-  no del que nunca jamás se supo nada.
                          mado “Amem-     caba por su belleza y especialmente  unían tras la iglesia del poblado para  Aquella historia fascino a Dabén
                          ba”. Se escon-  por su ingenio. Tenía los ojos gran-  oír las historias de Dabén. Los más  y fue corriendo a contarla a todos los
         día tras una enredada selva en la que  des y verdes como las hojas de los  pequeños escuchaban a Dabén bo-  muchachos del poblado. Cuando les
         cada cierto tiempo desaparecía algu-  sauces que daban sombra a la iglesia  quiabiertos, con los ojos como pla-  contó la historia, exagerada como
         no de sus habitantes sin dejar ni  del pueblo. Su piel era suave y oscu-  tos, asombrados con cada una de sus  siempre, algunos se asustaron y otros
         rastro. La vida diaria de Amemba  ra y su pelo… su pelo parecía estar  historias.                creyeron que les estaban tomando el
         era tranquila,  los más adultos ense-  siempre enredado, tenía unos rizos  Un día Dabén escuchó a Encam-  pelo. Ninguno recordaba lo que ha-
         ñaban a los más pequeños a leer, a  largos y ásperos, le llegaban hasta la  bo, el más longevo de Amemba, ha-  bía pasado el año anterior porque
                                                                                                                                    11
   6   7   8   9   10   11   12   13   14   15   16