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CONCURSO DE CUENTOS



                XI Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»




         eran muy pequeños y sobre todo   de él, deshizo su cama y metió den-
         porque estaban entretenidos con to-  tro un espantapájaros que había fa-
         dos los regalos que les había dejado  bricado él mismo durante el tiempo
         Papa Noel, que por aquellos enton-  de espera. Se puso unas botas de piel
         ces ya visitaba todas las casa de los  altas hasta las rodillas, se vistió y
         niños que habían sido buenos duran-  finalmente se puso el abrigo de piel
         te el año. Dabén insistía en su ver-  de oso. Saltó por la ventana llevando
         sión y en que la desaparición de un  consigo una mochila de esparto don-
         anciano y aquella intensa y misterio-  de llevaba una manta que le serviría
         sa luz tenían que estar relacionadas.  para tumbarse. Llegó a la selva y se
            Dabén vio que muchos de sus   adentró en ella hasta sentirse des-
         amigos no le creyeron y algunos  orientado. Encontró un pequeño cla-
         hasta se rieron de él. Por eso, enfada-  ro donde extendió la manta y se
         do se levantó y les dijo:        tumbó. Nunca jamás había oído so-
         - Ahora no me crean que ya verán  nidos tan misteriosos como los de
         como este año, cuando llegue el 24  aquella noche. El miedo le hizo ce-
         de diciembre yo les traeré las prue-  rrar los ojos. Primero escuchó un
         bas necesarias para que me crean y  silbido, después unas campanillas,
         me respeten para siempre. Iré hasta  algo suave acarició sus mejillas…
         la selva de noche y permanecerá    Dabén, asustado por el roce de
         despierto mirando el cielo hasta que  algo que no conocía, se incorporó de
         alguien en el poblado grite la des-  su manta sin dejar de mirar al cielo.
         aparición de algún anciano. Enton-  Comprobó entonces que aquello que
         ces y sólo entonces me creerán, les  le había rozado la cara era como una
         demostraré que no miento y que no  pelusa blanca y fría. Era algo que había
         les estoy engañando.             oído de los ancianos, algo que llovió e  Amemba no sirvo para nada.  diciembre y tras recoger los juguetes
            Algunos muchachos sintieron mie-  inundó el poblado hace 80 años… ¡era  - Pero… -replicó Dabén.  que le había dejado Papa Noel junto
         do por su actitud y le hicieron ver que  nieve! Dabén no podía creerlo.  - No sufras por mí, Dabén. Me  a sus zapatos, corrió hasta el habitual
         le creían con el fin de que no se arries-  Comenzó a ver una luz en el  marcho para siempre. Me voy con él,  rincón de reuniones.
         gase a ir esa noche a la selva, pero  horizonte, intensa, ardiente, blanca…  con Papa Noel. A mí y a muchos  Tras reunir a todos los mucha-
         Dabén insistía en su futura aventura.  ¡era la luz de la que los ancianos  como yo, esta noche nos recogerá  chos, Dabén que tenía los ojos más
            Quedaban sólo 45 días para el 24  hablaban! No dejó de mirarla ni un  para que le ayudemos a repartir to-  verdes y desencajados que nunca
         de diciembre. Durante esos días Da-  segundo hasta que casi quedó cega-  dos los juguetes por todas las casas  por la emoción de contar el resultado
         bén fue haciendo sus preparativos  do por tanta intensidad. Detrás de  del mundo. Para que ningún niño se  de su aventura…abrió la boca una,
         para la famosa noche. Preparó sus  aquella increíble luz apareció algo  quede sin su regalo. Comprende que  dos, tres… y hasta diez veces inten-
         ropas y sacó del armario el abrigo de  que Dabén no conseguía ver con  son muchos niños y un solo Papa  tando articular palabra. Fue enton-
         piel de oso de su abuelo. Lo limpió y  claridad. Se fue acercando y acer-  Noel… él nos necesita.  ces cuando Dabén descubrió por
         lo escondió en el pequeño armario  cando, y de repente vio volando unos  - Entonces… ¿es cierto? –Con-  completo el verdadero misterio de
         de su cuarto.                    animales que tiraban de un lujoso  testó Dabén.                 aquella noche, de aquella intensa luz
            Mientras pasaban los días y para  carro cargado de grandes sacos. So-  - Sí, claro que lo es. Has descu-  y de la desaparición de uno de los
         no despertar sospechas entre su fa-  bre el carro y guiando a los animales,  bierto el misterio, ahora debes mar-  ancianos del poblado. Había perdido
         milia, Dabén seguía colaborando en  Dabén observó que había alguien  charte a casa antes de que amanezca.  la voz. Se había quedado mudo para
         casa y reuniéndose por las tardes con  más, un hombre canoso, anciano,  - Está bien, lo haré.    el resto de su vida por el hechizo de
         los demás muchachos para contarles  con una luenga barba tan rizada como  Dabén abrazó fuertemente a En-  la luz blanca como contaban los an-
         nuevas historias y cómo iban los pre-  su cabello, gordo y con un traje de-  cambo, cogió su manta, la enrolló y  cianos.
         parativos de su escapada nocturna para  masiado llamativo, era rojo y dora-  la metió en la mochila de esparto. Se  Los demás muchachos al princi-
         la que cada vez faltaba menos.   do… deslumbrante.               dirigió al poblado por un sendero  pio, creyeron que estaba bromean-
                 Llegó el esperado día 24 y  Entonces escuchó que aquel an-  que Encambo había dejado ilumina-  do, pero pasado un tiempo comproba-
         un frío poco habitual envolvió el  ciano gritaba con una voz lenta, sua-  do a su paso. Mientras caminaba,  ron que era cierto lo que a Dabén le
         poblado de Amemba. Todas las fa-  ve y ronca a la vez, el nombre de  observaba como el anciano subía en  sucedía. Asustados, todos corrieron a
         milias se encerraron en casa antes de  Encambo, el habitante más viejo de  aquel lujoso carro tirado por cuatro  sus casas, jurando no estar despiertos
         lo normal porque el frío les impedía  Amemba y al que en los últimos días  animales, desapareciendo en el fir-  mirando el cielo ningún 24 de diciem-
         seguir trabajando con sus manos las  no se le veía con los demás ancianos  mamento.              bre pasadas las 12 de la media noche,
         hojas de tabaco.                 del poblado porque estaba enfermo.  Llegó a casa y cuando se estaba  ni adentrarse en la selva.
            Era costumbre aquella noche   Dabén tuvo miedo, empezó a tem-  metiendo por la ventana de su cuarto  Dabén regresó a casa y se ence-
         acostarse pronto para que amanecie-  blar. Aún así, se escondió entre la  empezó a oír a algunos mayores que  rró en su habitación. Se acercó hasta
         se antes y así poder ver los regalos  maleza para estar a salvo y no per-  recorrían las calles del poblado con  donde había dejado sus alpargatas y
         que ese año les había traído Papa  derse un detalle de lo que allí estaba  antorchas encendidas en sus manos  comprobó que Papa Noel se había
         Noel.                            sucediendo.                     gritando el nombre de Encambo.  bebido la leche de burra, se había
            Dabén hizo lo de cada año, colo-  De repente una mano fría le tocó  Había desaparecido.       comido el pan de la abuela Canda,
         có sus alpargatas junto a la puerta de  el hombro, Dabén se giró encogido y  Dabén comprendió entonces todo  pero… eso no era todo, junto al vaso
         su habitación, puso encima de un  asustado, y vio que era Encambo.  el misterio que había estado tanto  había una nota escrita con letras de
         taburete un vaso con leche de burra  - Te preguntarás quién es aquel se-  tiempo en silencio. Se tumbó en la  plata que decía así:
         y un trozo de pan del que hacía cada  ñor de barba blanca y por qué me  cama y esperó despierto a que ama-  - Querido Dabén:
         día su querida abuela Canda. Dijo a  llamó ¿verdad? Querido Dabén…  neciese para correr a contar el miste-  “La noche del 24 de diciembre
         sus padres que se iba a la cama y tras  aquel es Papa Noel, el que cada año  rio de la luz a todos los muchachos  todos los niños duermen”.
         el consentimiento de su familia se  te trae lindos regalos… y me llama  de Amemba.                 Gema Jiménez García
         marchó a su cuarto. Una vez dentro  porque ya soy muy viejo y aquí en  Llegó la mañana del día 25 de  ESPA IV
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