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CONCURSO DE CUENTOS



           XVIII Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»



          Primer Premio • Categoría B


          Recuerdos de una vida




                              Ayer estaba  brada pensando cómo se podía ver el
                          sola en casa, y  mar desde tan lejos. Otras veces conta-
                          me dispuse a re-  ba que por las sierras de Salinas y  El
                          cordar a mi pa-  Serral, tiempo atrás, vivió un bandole-
                          dre, y algunas de  ro, «Jaime el Barbudo» y su banda, y
                          las cosas que me  que por las noches bajaban de la sierra a
                          contó cuando yo  la hondonada, a las casas de la gente adi-
                          era pequeña.    nerada, y les robaban; luego se repar-
                           Él nació en el  tían el botín entre ellos, y también ayu-
         año 1910 en Yecla, en la calle San Pas-  daban a los pobres, pues por aquellos
         cual. Físicamente era de estatura baja,  años había mucha miseria.
         el pelo lo tenía liso de color castaño, lo  Más tarde, en su adolescencia, mi
         llevaba siempre peinado hacia atrás. Su  padre decía que en verano su familia y
         cara era redonda, con los ojos azul cla-  él se iban a pasar unos días a Alicante a
         ro, la nariz grande, la boca mediana y  la playa, su medio de trasporte era un  caba otro, hablaba con el forestal, y éste  poco, su cuerpo y su mente, se fueron
         con los labios gruesos; sus manos pe-  carro y un caballo. El viaje  duraba va-  le decía «Vente conmigo al monte de El  deteriorando y llegó la demencia senil;
         queñas, y llevaba un reloj en el bolsillo.  rios días, cuando les sorprendía alguna  Serral, que vamos a plantar pinos». Y él  años duros los que pasamos toda la fa-
         Sus andares resultaban graciosos, y le  tormenta, se refugiaban en algún case-  se iba. Todos estos trabajos eran duros,  milia cuidándole y viendo cómo iba ol-
         acompañaba siempre su bastón de puño  río que encontraban en el camino. Una  pero así fue su vida laboral.  vidándonos, no nos conocía ya; a mi
         plateado.                        vez que habían llegado, se hospedaban  Cuando se jubiló pasó unos años  madre que estaba todo el día con él le
            En cuanto a su personalidad, decir  en una posada y se bañaban, se reco-  buenos, le gustaba mucho andar, todas  decía. ¿Tú quién eres?
         que tenía un carácter agradable, simpá-  rrían sus calles y plazas e iban a alguna  las mañanas salía de casa temprano y se  Para terminar os diré que en unas
         tico, risueño, inquieto; le gustaba mu-  corrida de toros, pues a mi padre le gus-  hacía varios kilómetros; por las tardes  cuantas hojas no se puede hablar de toda
         cho la poesía, los toros, el teatro, el cam-  taba mucho la fiesta taurina.  se iba al Hogar del Pensionista, a pasar  una vida, yo he tratado de plasmar algo
         po, la playa y era muy dado a los refra-  Así pasó el tiempo y llegaron los  un rato con los amigos; pero esta época  de ella.
         nes.                             años anteriores a la Guerra Civil, por  no duró mucho, pues el trabajo duro en
            La infancia y la adolescencia las  entonces conoció a mi madre. Aquellos  el campo lo agotó y le pasó factura a sus  Dolores Díaz López
         pasó en el campo, en «la casa de Spu-  años fueron difíciles, pues sin tener ni  huesos, y fue perdiendo la salud. Poco a  Taller de lectoescritura C
         che», que estaba en la carretera de Pi-  manifestar ideas políticas, le persiguie-
         noso, antes de llegar a la pedanía de Ras-  ron para darle «el paseo» como a Lor-
         pay. Allí fue feliz con sus padres y sus  ca; él se tuvo que esconder si no lo lin-  NUESTRO ILUSTRADOR
         hermanos. El dueño de la finca era una  chaban. Después llegó la Guerra y se fue
                                                                              Este año hemos tenido la fortuna de contar con la colaboración de un ilustrador de la
         persona buena y cariñosa, vivía en Va-  al Frente, pasaron tres largos años lu-
                                                                           casa. Se trata de José Ignacio Puche Rubio, Iñaki, alumno de aula Mentor que entre otros
         lencia y cuando venía al campo llama-  chando, y por fin acabó. Llegó la post-
                                                                           cursos ha realizado el de Ilustración Digital.
         ba a mi  padre que, entonces era un chi-  guerra y, pasados algunos años, mi pa-
                                                                              Iñaki, desde una edad muy temprana ha tenido don para la pintura. Ha obtenido pre-
         quillo de pocos años y le decía: «Vente  dre y mi madre se casaron; fueron tiem-
                                                                           mios por sus dibujos y ha realizado trabajos muy complejos en los que utilizaba telas,
         conmigo a la biblioteca que te voy a  pos difíciles y duros, pues no había di-
                                                                           cazadoras, cortinas y ha decorado con sus murales locales de ocio.
         enseñar a leer». Así, en las temporadas  nero ni trabajo, y escaseaban los alimen-
                                                                              Iñaki, gracias por poner un poco de tu talento en estas páginas.
         que pasaba en la finca, fue como mi pa-  tos; la mayoría de los días no tenían que
         dre aprendió lo poco que sabía. Tam-  comer; había una cartilla para racionar
         bién le enseñaba a leer poesía, pues te-  los alimentos, cuando conseguían una
         nía una buena colección de libros de  barra de pan parecía que tenían un teso-
         autores como: Lorca, Machado,...Y  ro.
         otros muchos.                      El que tenía campo se las mañeaba
            Por aquellos años en los campos era  para sacar de él algunos alimentos. Por
         difícil aprender a leer o a escribir. Sí,  aquellos años en los campos de Yecla
         algún maestro que otro recorría los pa-  abundaban mucho unas hierbas que se
         rajes de Yecla dando clases, pero eran  llamaban «collejas», éstas se cocinaban
         pocos.                           de muchas maneras, puesto que  como
            Entre juegos y caminatas en la Sie-  no había otras cosas, dichas hierbas se
         rra de Salinas y alrededores, fueron pa-  hicieron muy populares y preciadas.
         sando los años de  mi niñez; un día su  Años más tarde cuando le pregun-
         hermano y él visitaron la cueva de El  taron a mi hermano: «¿´Tú cuándo na-
         Lagrimal, decía que del techo caían unos  ciste...?, éste se reía y decía: «Yo nací
         «chorricos» de agua, de ahí lo de su  en el año de las collejas...»
         nombre. Otros días iban a la Sierra del  Fueron pasando los años, mi padre
         Serral, que se encontraba cerca de don-  trabajaba en el campo para poder man-
         de vivían.                       tener a su familia; hacía todo lo que le
         Él me contaba que si subías a lo alto de  salía, lo mismo labraba la tierra que ha-
         la Sierra de Salinas, al salir el sol, en los  cía hoyos para los viñedos; segaba  o
         días claros en que no había niebla, se  trillaba; cuando se quedaba sin trabajo,
         podía ver el mar; yo me quedaba asom-  él no podía estar parado, enseguida bus-

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