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CONCURSO DE CUENTOS
XXI Concurso de Cuentos «Mari Luz Puche»
Primer Premio • Categoría D
El amor no se mide en kilogramos
Tumbada en la grande que nuestra casa entera.
arena de la playa, Cuántas botellas de champagne descor-
escuchando las olas charíamos y cuánta nata saborearíamos el uno
chocar suavemente del otro con nuestros cuerpos desnudos y
contra las rocas y hambrientos de amor en esos maravillosos
sintiendo la suave diez días, donde no importaba nada más que
brisa sobre mi piel. tenernos uno sobre otro en cuerpo y alma el
Estaba soñando mayor tiempo posible y prometiéndonos amor
despierta, una vez eterno.
más. ¡Ay, qué maravillosos recuerdos!
Abro los ojos y me encuentro con la dis- Volver a aquellos momentos es dulce y
tinta realidad: en la cocina, rodeada de ollas amargo a la vez, ya que después de aquel idí-
y pucheros, donde los únicos sonidos que oigo lico noviazgo e inolvidable luna de miel, Igor
son la campanilla del microondas, el agua fue cambiando poco a poco, y no a mejor ni
cuando alcanza su punto de ebullición y el mucho menos, casi sin darme cuenta, convir-
centrifugado de la lavadora y la única brisa tiéndose en un ser irritable que por cualquier
que siente mi piel es el viento fresco de la cosa se enfadaba, dejando al descubierto tu
mañana cuando cada día abro las ventanas cara más horrible y siniestra, recayendo en
para ventilar la casa. mí, literalmente, todas las consecuencias de
Así era mi vida, con el delantal puesto la ese mal carácter que nunca antes había de-
mayor parte del día, como una segunda piel, mostrado.
rodeada de productos de limpieza por doquier, La primera vez que puso su mano sobre
entre cazos y sartenes de frío acero y como mí, y no precisamente para acariciarme, fue
única compañía una pequeña radio que con a los tres meses de casados, en nuestra nueva
cada canción me permitía liberarme y soñar casa de Barcelona. té, me encontré con el desayuno preparado y Por mucho que me llorara, me prometiera o
en silencio con una vida muy distinta. Nos trasladamos allí por su trabajo, ya un gran ramo de rosas rojas en un jarrón con me jurara que no iba a volver a repetirse, en
Nunca imaginé mi existencia de esta que él era comercial y su empresa lo necesi- una nota que decía: el fondo de mi ser yo no confiaba en sus pa-
manera, ya que siempre fui una mujer muy taba allí para un nuevo negocio que estaban “Lo siento, Virginia, de verdad, de cora- labras, yo sabía que sí se repetiría y no podía
inquieta, activa y vivaz, pero era joven y me montando. zón. consentirlo. Ni una vez más.
enamoré perdidamente de Igor. Yo no dudé en ningún momento mudar- Te juro que no volverá a pasar. Yo me di cuenta que no me comportaba
Era un hombre guapo, trabajador y cari- me de ciudad e ir adonde hiciese falta para Te quiero como nunca he querido a na- como en realidad era cuando él estaba pre-
ñoso. Tenía todas las cualidades necesarias estar a su lado. Lo dejé todo: mi familia, mis die. sente. Vivía con miedo, con inseguridad y
para que cualquier mujer que se propusiera amistades, mi trabajo en la oficina, mis cla- Eres lo mejor que me ha pasado en la tensión constantes. Poco a poco, mi amor cie-
cayera rendida a sus pies. ses de inglés y de tenis… todo. vida. go e incondicional por Igor me había anula-
Nos conocimos una tarde de primavera. Esa tarde llegó de mal humor por cosas Sin ti no soy nada.” do completamente como persona, como ser
Yo estaba sentada en el banco de un parque, del trabajo; eso dijo, y el emperador con guar- Igor humano.
como cada sábado por la mañana, sumida en nición de verduras que había preparado de Después de pensarlo varios días, decidí
mis pensamientos, cuando de repente alcé la cena estaba ya frío. Acababa de ver las tres Dejé pasar los días y todo volvió a ser que me iba de aquella casa. Lejos de aquel
cabeza y me topé de frente con un chico de llamadas mías que tenía en el móvil que le como antes. Igor estaba de lo más cariñoso y ser monstruoso que había pisado mis sueños,
pelo castaño y ojos verdes, sonriéndome y hice para preguntarle cuánto le quedaba para tierno. Incluso, si cabía, más que hace unas mis ilusiones, mis inquietudes.
dejando a la vista unos dientes propios de llegar a casa. Su mirada se tornó fría, las úni- semanas. Así es que, en cuanto mi cara volvió a
anuncio de dentífrico, preguntándome si po- cas palabras que recuerdo que dijo fueron que Y con esta normalidad continuamos hasta casi su tono natural, hice las maletas y me fui
día sentarse a mi lado. Charlamos durante dos para qué coño lo había llamado, que estaba que a la semana siguiente se rompió el frega- sin más, sin mirar atrás. Cogí el primer tren
horas, que parecieron dos minutos, y desde muy estresado, que llegaba de trabajar y que dero y llamé al fontanero para que lo arregla- que iba a Madrid y luego otro que me condu-
ese día no dejamos de vernos. lo único que quería era cenar tranquilamente se. Casualidad fue que cuando el técnico es- jo a Almería, cerquita de la costa, que siem-
Fueron dos años de noviazgo inolvida- e irse a dormir. taba yéndose por la puerta, Igor justo volvía pre me había gustado.
bles y exquisitos. No podía tener queja algu- -¡Eres una inútil!– gritó tan fuerte que de trabajar. Mi marido fue muy correcto con Al principio no fue fácil, porque aunque tomé
na sobre él. Siempre se preocupaba por mí; me sobresalté. ¡No sirves para nada! ¡Llego él, incluso pagó el importe del arreglo en ese la decisión acertada, las heridas del alma son
me llevaba y recogía del trabajo, de mis cla- de trabajar y me encuentro la cena fría! mismo momento, pero cuando nos quedamos más difíciles de curar que las del cuerpo y las
ses de tenis e inglés. Tenía todas sus atencio- Nunca jamás lo había visto así. a solas se volvió a convertir en aquel hombre mías estaban muy abiertas.
nes y mimos. Así pasaron esos idílicos me- -¡Cálmate!– sollocé con un hilo de voz. que me dio un guantazo la semana anterior. Enseguida encontré un nuevo trabajo en
ses, sin enfado alguno ni riñas. De esta ma- Fueron las únicas palabras que mis labios Su mirada volvió a tornarse como malvada y una oficina y retomé las clases de inglés.
nera y poco a poco, Igor se convirtió en todo temblorosos pudieron pronunciar ante aquel llena de odio y que hacía que me sintiera su- Largos paseos por la playa y reconfor-
lo que necesitaba para ser feliz, se convirtió desconocido. mamente insignificante. Pensó, no se por qué, tantes baños en su agua salada hicieron que
en mi mundo. Estaba loca y perdidamente Lanzó el plato de la cena al suelo y se- que entre el fontanero y yo había ocurrido pronto cicatrizaran todas mis heridas, tanto
enamorada de él. Era el hombre de mis sue- guidamente, sin mencionar una palabra más, algo. Le invadió un ataque de celos. En esta las visibles como las internas, las que sólo yo
ños y, por supuesto, dije que sí a su petición me abofeteó en la mejilla tan fuerte que su ocasión, en vez de un bofetón fue un puñeta- podía sentir.
de matrimonio esa tarde de junio, en el mis- mano se me quedó marcada. zo. El ojo se me puso morado y me dolía ho- En poco tiempo pude volver a ser yo
mo parque donde nos conocimos por prime- Mis lágrimas impidieron mis palabras, rrores. Esto no podía estar sucediéndome a misma y coger las riendas de mi vida de nue-
ra vez. simplemente me fui a la habitación y no po- mí. Lo había leído en libros, lo había visto en vo con más fuerza y seguridad en mí misma
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, día parar de llorar y acariciarme la parte de la películas, en los informativos aparecía cada que nunca pero, lo reconozco, con un escudo
el día más feliz de mi vida. No había mujer cara que me había golpeado. dos por tres, pero no podía creer que me es- a prueba de flechas con punta de corazón. No
en el mundo que se sintiera con más dicha ni Igor, al momento estaba allí, llorando tuviera ocurriendo a mí. quería ver a Cupido ni en pintura, pero con el
más afortunada que yo. Me casaba con el también y pidiéndome mil perdones. En los días posteriores, Igor me colmó tiempo he comprendido que contra sus fle-
hombre de mi vida. -Lo siento, Virginia, mi amor– decía re- de flores y regalos caros, debido a su remor- chas no hay escudo que valga, aunque siem-
Nuestra luna de miel la pasamos en Ve- petidamente. No se qué me ha pasado. Te dimiento de conciencia, si es que tenía… Él pre llevo conmigo unas palabras muy valio-
necia, entre largos paseos en románticas gón- quiero, te quiero mucho, por favor perdóna- mismo me curaba el ojo, que estaba de color sas: “el amor no se mide en cantidad, sino en
dolas, deliciosa comida italiana e inolvida- me. violeta, poniéndome hielo con mucho cuida- calidad”.
bles noches de pasión y lujuria entre sábanas Yo no pude articular palabra alguna. El do y “amor”, pero nada de eso me alejaba del
de seda en aquel hotel de cinco estrellas, don- shock había sido demasiado grande. pensamiento de cómo era Igor en realidad y Vanesa Lajara Pérez
de solamente la habitación nupcial ya era más A la mañana siguiente, cuando me levan- que no iba a cambiar nunca. Nunca cambian. Aula Mentor
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